Cinco generaciones y un ensueño - Artesanías de Colombia

Cinco generaciones y un ensueño

Por Sistema de Información para la Artesanía - Siart. Friday, October 19, 2018

Érase una vez, en 1860, cuando don Isaac Arbeláez empezó a elaborar guitarras con sus manos… ¡Lee la historia de un taller que le ha dado vida a la música por 158 años!

Fábrica de Guitarras Ensueño en Marinilla
Guitarras elaboradas por el Taller Ensueño - Imagen: Cortesía Taller Ensueño

Carlos Arbeláez es el tataranieto de don Isaac y es quien hoy, lleva con orgullo el apellido de una familia de luthiers colombianos que a lo largo de cinco generaciones, han plasmado el amor por la música y por la artesanía en cada uno de los instrumentos elaborados en su taller

Desde Marinilla, Antioquia, Carlos Arbeláez nos compartió la historia de la Fábrica de Guitarras Ensueño que su familia ha mantenido vivo desde el año 1860 y con el cual participó como expositor en la más reciente edición de Expoartesano 2018, feria a la que fue invitado por la Gobernación de Antioquia y Artesanías de Colombia:  

«Mi tatarabuelo, don Isaac Arbeláez fue quien inició esta tradición familiar en 1860, a él le enseñaron un par de españoles que estaban haciendo todo el tema de ebanistería de una iglesia en San Vicente, una iglesia que hoy ya no existe pero con ellos, él aprendió a trabajar la ebanistería y a hacer muebles. 

Con el tiempo, se entusiasmó con las guitarras y otros instrumentos. Sin miedo, don Isaac empezó a elaborarlos y a interpretarlos. Los primeros que hacía eran para la familia y para la gente cercana que le hacía encargos. Ya después Lázaro, el bisabuelo mío se enamoró de los instrumentos musicales; él también tocaba la guitarra y le gustaba hacer tiples y bandolas; pero ya en los últimos años, empezó a hacer unos pianos sencillos en madera, como de estudio. 

Algunos se quedaron acá, pero la mayoría se fueron al exterior y él se dedicó ya exclusivamente a la elaboración de los instrumentos acá en Marinilla. Todos los hijos de mi bisabuelo aprendieron a hacer instrumentos, pero de ellos sólo dos se dedican todavía al oficio; mi abuelo Luis, que tiene ya 85 años y todavía trabaja, obviamente pues a su ritmo y en el taller, y Gerardo, un hermano de él.

Ya por el lado de nosotros, estamos mi papá y yo. Mi papá que también se llama Luis, estuvo toda la vida aprendiendo con el abuelo y él fue quien me enseñó en el taller. Yo venía los fines de semana y me quedaba pegando palitos y mirando cómo él trabajaba. 

En la familia esto es una tradición pero no una obligación. Yo trabajo en el Taller Ensueño porque me gusta, me gusta la música y me gusta tocar la guitarra; tengo una afición enorme por la música quizá por haber crecido acá, con el abuelo y el papá al lado, a uno se le va pegando una que otra cosa (risas). Todavía no tengo hijos, pero si los tengo y  si ellos quisieran aprender, yo les enseñaría con todo el amor del mundo. Si les gusta, yo les voy a decir “venga pues, mire, trabaje y hágale”. 

Con el paso de los años, el taller se ha transformado, ha mejorado la calidad de los instrumentos, porque no son sólo instrumentos buenos sino bien afinados, ofrecemos productos de una excelente calidad a un precio muy bueno, hacemos guitarras, tiples, bandolas, charangos, ukeleles, cuatros, tres cubano… 

Nuestro sello distintivo es el sonido y la calidad de la madera. Para las guitarras por ejemplo utilizamos distintas maderas como palo santo, abeto alemán, palo de rosa, ébano y cedro rojo; todo depende del instrumento y de lo que se quiera lograr con él. 

Recuerdo una anécdota muy curiosa con un cliente extranjero, él me había comprado una guitarra y quiso otra, yo le dije que no podía llevarla al aeropuerto, sino que él tenía que venir hasta el almacén a recogerla; así que él vino hasta Marinilla…  Sí, esas cosas suceden. 

Siempre hay gente que quiere aprender y aunque en este momento trabajamos el abuelo, mi papá y yo junto a dos o tres artesanos más; hemos compartido nuestros conocimientos durante cinco generaciones con algunas personas que se han acercado al taller. Sin embargo, no dictamos clases porque este trabajo es de mucho cuidado, hay que cortar y puede ocurrir algún accidente, así que por ahora no damos clases. 

Lo que sí pensamos para el futuro, es en seguir manteniendo el nombre, seguir elaborando instrumentos de gran calidad y en que en los años que vienen, los Arbeláez que se enamoren de este oficio puedan vivir dignamente de él, porque definitivamente no hay nada más bueno que vivir dedicado a lo que uno le gusta. 

No hay nada más bueno que vivir haciendo estos instrumentos»

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Correo electrónico: labantioquia@artesaniasdecolombia.com.co

Carlos Arbeláez es el tataranieto de don Isaac y es quien hoy, lleva con orgullo el apellido de una familia de luthiers colombianos que a lo largo de cinco generaciones, han plasmado el amor por la música y por la artesanía en cada uno de los instrumentos elaborados en su taller
Desde Marinilla, Antioquia, Carlos Arbeláez nos compartió la historia de la Fábrica de Guitarras Ensueño que su familia ha mantenido vivo desde el año 1860 y con el cual participó como expositor en la más reciente edición de Expoartesano 2018, feria a la que fue invitado por la Gobernación de Antioquia y Artesanías de Colombia:  
«Mi tatarabuelo, don Isaac Arbeláez fue quien inició esta tradición familiar en 1860, a él le enseñaron un par de españoles que estaban haciendo todo el tema de ebanistería de una iglesia en San Vicente, una iglesia que hoy ya no existe pero con ellos, él aprendió a trabajar la ebanistería y a hacer muebles. 
Con el tiempo, se entusiasmó con las guitarras y otros instrumentos. Sin miedo, don Isaac empezó a elaborarlos y a interpretarlos. Los primeros que hacía eran para la familia y para la gente cercana que le hacía encargos. Ya después Lázaro, el bisabuelo mío se enamoró de los instrumentos musicales; él también tocaba la guitarra y le gustaba hacer tiples y bandolas; pero ya en los últimos años, empezó a hacer unos pianos sencillos en madera, como de estudio. 
Algunos se quedaron acá, pero la mayoría se fueron al exterior y él se dedicó ya exclusivamente a la elaboración de los instrumentos acá en Marinilla. Todos los hijos de mi bisabuelo aprendieron a hacer instrumentos, pero de ellos sólo dos se dedican todavía al oficio; mi abuelo Luis, que tiene ya 85 años y todavía trabaja, obviamente pues a su ritmo y en el taller, y Gerardo, un hermano de él.
Ya por el lado de nosotros, estamos mi papá y yo. Mi papá que también se llama Luis, estuvo toda la vida aprendiendo con el abuelo y él fue quien me enseñó en el taller. Yo venía los fines de semana y me quedaba pegando palitos y mirando cómo él trabajaba. 
En la familia esto es una tradición pero no una obligación. Yo trabajo en el Taller Ensueño porque me gusta, me gusta la música y me gusta tocar la guitarra; tengo una afición enorme por la música quizá por haber crecido acá, con el abuelo y el papá al lado, a uno se le va pegando una que otra cosa (risas). Todavía no tengo hijos, pero si los tengo y  si ellos quisieran aprender, yo les enseñaría con todo el amor del mundo. Si les gusta, yo les voy a decir “venga pues, mire, trabaje y hágale”. 
Con el paso de los años, el taller se ha transformado, ha mejorado la calidad de los instrumentos, porque no son sólo instrumentos buenos sino bien afinados, ofrecemos productos de una excelente calidad a un precio muy bueno, hacemos guitarras, tiples, bandolas, charangos, ukeleles, cuatros, tres cubano… 
Nuestro sello distintivo es el sonido y la calidad de la madera. Para las guitarras por ejemplo utilizamos distintas maderas como palo santo, abeto alemán, palo de rosa, ébano y cedro rojo; todo depende del instrumento y de lo que se quiera lograr con él. 
Recuerdo una anécdota muy curiosa con un cliente extranjero, él me había comprado una guitarra y quiso otra, yo le dije que no podía llevarla al aeropuerto, sino que él tenía que venir hasta el almacén a recogerla; así que él vino hasta Marinilla…  Sí, esas cosas suceden. 
Siempre hay gente que quiere aprender y aunque en este momento trabajamos el abuelo, mi papá y yo junto a dos o tres artesanos más; hemos compartido nuestros conocimientos durante cinco generaciones con algunas personas que se han acercado al taller. Sin embargo, no dictamos clases porque este trabajo es de mucho cuidado, hay que cortar y puede ocurrir algún accidente, así que por ahora no damos clases. 
Lo que sí pensamos para el futuro, es en seguir manteniendo el nombre, seguir elaborando instrumentos de gran calidad y en que en los años que vienen, los Arbeláez que se enamoren de este oficio puedan vivir dignamente de él, porque definitivamente no hay nada más bueno que vivir dedicado a lo que uno le gusta. 
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November 19, 2018 - Última actualización: November 19, 2018