Reinel Mendoza, el trenzador de sombreros - Artesanías de Colombia

Reinel Mendoza, el trenzador de sombreros

Por Sistema de Información para la Artesanía Friday, June 22, 2018

Rendimos homenaje a los papás artesanos del país, con la historia de Reinel Mendoza, un artesano que comprometido con su labor, ha cuidado las tradiciones Zenúes, así como los padres lo hacen con sus hijos.

Reinel Mendoza, el trenzador de sombreros vueltiaos
Artesano Reinel Mendoza - Imagen: Artesanías de Colombia

Tuchín, es una tierra eminentemente artesanal, donde las raíces de lo hecho a mano continúan vigentes gracias a la incansable labor de artesanos como Reinel Mendoza. Él lleva más de 43 años dedicado a la tejeduría Zenú y asegura que por medio de su trabajo, ha podido mantener a su familia y conservar viva la tradición de su pueblo, enseñándola a los jóvenes de la región. Esta es su historia:

«Comencé a tejer la caña flecha a los 8 años. A mí esto me lo enseñaron mis padres porque el oficio se trabaja en familia; primero aprendí a trenzar el sombrero de 11 vueltas, luego seguí con el sombrero quinceano, después con el de 19 vueltas y así fui forjando mi saber hasta llegar a elaborar el de 31 vueltas.

El encuentro que tuve con la caña flecha y el oficio fue maravilloso, ya que tenerla en mis manos y que mi mamá me explicara un poquito del trenzado, y de cómo se hacían las pintas y amarres para tejer mi primer sombrero, me hizo entender que a esto me quería dedicar el resto de la vida.

La pinta que más me representa es la ‘flor de la cocorilla’ porque tiene una anécdota: recuerdo que de esta planta brotaba una fruta que comían nuestros ancestros para mitigar la sed o el hambre, y con su flor, muy bonita por cierto, las mujeres se adornaban el cabello. A los hombres les inspiraba y emocionaba mucho verlas así, por lo que les tiraban piropos como: ‘eres tan hermosa como la flor de la cocorilla y eres tan dulce como su semilla’, eso es lo que me gusta de esta pinta.

El amor de mis padres por el oficio también me fue heredado y por eso, en mi carrera como trenzador, como fabricante de sombreros, me gusta enseñarle a los más jóvenes, la importante tradición de tejer la caña flecha.

Antiguamente, solo tejíamos el sombrero vueltiao para el hombre, pero en la década de los setenta, cuando las mujeres empezaron a usar el sombrero, comenzamos a tejer esta y más piezas para mujer, hasta llegar a la variedad de artesanías que hacemos hoy en día; gracias a esto, he tenido la oportunidad de ser líder en mi comunidad, participando en la capacitación a otros artesanos para que aprendan a elaborar toda clase de productos.

La artesanía es una de las principales fuentes de empleo en nuestro resguardo.Con ella, por ejemplo, he construido mi familia y le he podido dar universidad a tres de mis cuatro hijos, quienes tienen 23, 22, 18 y 13 años. A ellos también les enseñé el oficio y aunque no se dediquen actualmente a tejer, este es uno de mis legados como padre.

Mi vida como artesano ha sido muy larga y bonita, porque a través del oficio, me he podido dar a conocer en el país: desde muy joven he representado a Tuchín en diferentes ferias departamentales como las de Montería, y en eventos como el Carnaval de Barranquilla y el Festival Vallenato. A nivel nacional, he llevado mis productos a Expoartesanías y he tenido la oportunidad de elaborar el sombrero vueltiao a grandes personalidades; uno de los que más recuerdo es el que lució el ex presidente Bill Clinton en su visita a Cartagena.

Pero el mundo también ha conocido mi trabajo. Con orgullo les digo que he visitado países como Alemania, Francia, Italia y España. En Estados Unidos he participado por seis años consecutivos en la feria Folk Art Market de Santa Fe y mis productos han llegado hasta el Museo Smithsoniano, una gran experiencia y a la vez una responsabilidad, porque es llevar el nombre de Colombia a lo más alto, con una de las piezas emblemáticas de nuestra cultura.

Para mí, que el sombrero vueltiao sea Símbolo Cultural de la Nación es algo grande; es sentir esa emoción, narrarla en vivo y tener la experiencia tan hermosa de tejerlo y compartirlo con otros artesanos.

Hoy, con 43 años de experiencia, confieso que no me veo haciendo otra cosa que no sea trenzar la caña flecha. Tejer es todo lo que uno hace por conservar la tradición Zenú, y al mismo tiempo, es cuidar los saberes indígenas de nuestro país.

Yo aspiro a seguir tejiendo la caña flecha treinta años más. Mientras Dios me dé larga vida, quiero dejarle muchos, pero muchos legados a mi gente y enseñanzas al pueblo colombiano; porque con este trabajo, uno se inspira e inspira a más artesanos para hacer cosas hermosas con sus manos.

Por esta razón, le digo a los artesanos del país: pónganle más corazón a lo que hacen porque las artesanías son muy apreciadas y entre más cariño le pongamos a los productos que elaboramos, estos serán más reconocidos en el mundo».

Fuente:
Entrevista con el artesano Reinel Mendoza.

Tuchín, es una tierra eminentemente artesanal, donde las raíces de lo hecho a mano continúan vigentes gracias a la incansable labor de artesanos como Reinel Mendoza. Él lleva más de 43 años dedicado a la tejeduría Zenú y asegura que por medio de su trabajo, ha podido mantener a su familia y conservar viva la tradición de su pueblo, enseñándola a los jóvenes de la región. Esta es su historia:
 
«Comencé a tejer la caña flecha a los 8 años. A mí esto me lo enseñaron mis padres porque el oficio se trabaja en familia; primero aprendí a trenzar el sombrero de 11 vueltas, luego seguí con el sombrero quinceano, después con el de 19 vueltas y así fui forjando mi saber hasta llegar a elaborar el de 31 vueltas.
 
El encuentro que tuve con la caña flecha y el oficio fue maravilloso, ya que tenerla en mis manos y que mi mamá me explicara un poquito del trenzado, y de cómo se hacían las pintas y amarres para tejer mi primer sombrero, me hizo entender que a esto me quería dedicar el resto de la vida.
La pinta que más me representa es la ‘flor de la cocorilla’ porque tiene una anécdota: recuerdo que de esta planta brotaba una fruta que comían nuestros ancestros para mitigar la sed o el hambre, y con su flor, muy bonita por cierto, las mujeres se adornaban el cabello. A los hombres les inspiraba y emocionaba mucho verlas así, por lo que les tiraban piropos como: ‘eres tan hermosa como la flor de la cocorilla y eres tan dulce como su semilla’, eso es lo que me gusta de esta pinta.
 
El amor de mis padres por el oficio también me fue heredado y por eso, en mi carrera como trenzador, como fabricante de sombreros, me gusta enseñarle a los más jóvenes, la importante tradición de tejer la caña flecha.
 
Antiguamente, solo tejíamos el sombrero vueltiao para el hombre, pero en la década de los setenta, cuando las mujeres empezaron a usar el sombrero, comenzamos a tejer esta y más piezas para mujer, hasta llegar a la variedad de artesanías que hacemos hoy en día; gracias a esto, he tenido la oportunidad de ser líder en mi comunidad, participando en la capacitación a otros artesanos para que aprendan a elaborar toda clase de productos.
 
La artesanía es una de las principales fuentes de empleo en nuestro resguardo.
Con ella, por ejemplo, he construido mi familia y le he podido dar universidad a tres de mis cuatro hijos, quienes tienen 23, 22, 18 y 13 años. A ellos también les enseñé el oficio y aunque no se dediquen actualmente a tejer, este es uno de mis legados como padre.
 
Mi vida como artesano ha sido muy larga y bonita, porque a través del oficio, me he podido dar a conocer en el país: desde muy joven he representado a Tuchín en diferentes ferias departamentales como las de Montería, y en eventos como el Carnaval de Barranquilla y el Festival Vallenato. A nivel nacional, he llevado mis productos a Expoartesanías y he tenido la oportunidad de elaborar el sombrero vueltiao a grandes personalidades; uno de los que más recuerdo es el que lució el ex presidente Bill Clinton en su visita a Cartagena.
 
Pero el mundo también ha conocido mi trabajo. Con orgullo les digo que he visitado países como Alemania, Francia, Italia y España. En Estados Unidos he participado por seis años consecutivos en la feria Folk Art Market de Santa Fe y mis productos han llegado hasta el Museo Smithsoniano, una gran experiencia y a la vez una responsabilidad, porque es llevar el nombre de Colombia a lo más alto, con una de las piezas emblemáticas de nuestra cultura.
 
Para mí, que el sombrero vueltiao sea Símbolo Cultural de la Nación es algo grande; es sentir esa emoción, narrarla en vivo y tener la experiencia tan hermosa de tejerlo y compartirlo con otros artesanos.
 
Hoy, con 43 años de experiencia, confieso que no me veo haciendo otra cosa que no sea trenzar la caña flecha. Tejer es todo lo que uno hace por conservar la tradición Zenú, y al mismo tiempo, es cuidar los saberes indígenas de nuestro país.
 
Yo aspiro a seguir tejiendo la caña flecha treinta años más. Mientras Dios me dé larga vida, quiero dejarle muchos, pero muchos legados a mi gente y enseñanzas al pueblo colombiano; porque con este trabajo, uno se inspira e inspira a más artesanos para hacer cosas hermosas con sus manos.
 
Por esta razón, le digo a los artesanos del país: pónganle más corazón a lo que hacen porque las artesanías son muy apreciadas y entre más cariño le pongamos a los productos que elaboramos, estos serán más reconocidos el mundo.»
 
 Fuente:
Entrevista con el artesano Reinel Mendoza.

 

 

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Comentarios

Cattleya Tienda dice:

Jul/18/2018

Hola un cordial saludo desde Cattleya Tienda. Les escribimos para contarles sobre nuestro proyecto y saber si quieren hacer parte de él. Cattleya nace con la intensión de resaltar los productos colombianos y darle a estos es puesto que se merecen, queremos promocionar sus productos y que trabajemos juntos por hacer del mercado colombiano un competidor gigante en el mundo. Gracias por leernos, esperamos respuestas y deseando que quieran seguir por el camino que siempre sera el mismo de nosotros.

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September 19, 2018 - Última actualización: September 17, 2018