Carnaval del perdón, un espacio de artesanía y tradición - Artesanías de Colombia

Carnaval del perdón, un espacio de artesanía y tradición

Por Andrés Moncada Thursday, February 16, 2017

Con este ritual, Sibundoy se convierte en un lugar ideal para conocer el legado de los pueblos Kamëntsá e Inga.

Carnaval de Perdón
Carnaval de Perdón - Imagen: Eric Bauer

En el planeta tierra existen diferentes rituales para celebrar la llegada de un nuevo año: uvas, saltar por encima de las olas del mar, encenderle fuego a un muñeco o darle la vuelta al lugar en donde se vive, son algunas de ellas.  

En el planeta tierra existen diferentes rituales para celebrar la llegada de un nuevo año: uvas, saltar por encima de las olas del mar, encenderle fuego a un muñeco o darle la vuelta al lugar en donde se vive, son algunas de ellas.  
Aunque las anteriores tradiciones culturales conocidas mundialmente son ejecutadas para atraer la buena suerte, son pocas las costumbres realizadas para reconciliarse con el prójimo y agradecerle a la tierra. No obstante, en Colombia, específicamente en el municipio putumayense de Sibundoy, sí existe. 
Se trata del Carnaval del Perdón, un ritual realizado para olvidar y estar en paz con los demás y consigo mismo, y un acto de lealtad con el planeta por los productos ofrecidos durante el año que se despide. 
En este lugar colombiano, ubicado a escasos 78 kilómetros de Mocoa, capital del Putumayo, y en medio de ofrecimientos, danzas, letrillas y un sugerente desfile en el que se utilizan prendas coloridas y coronas de plumas, los indígenas Kamëntsá e Ingas le dan la bienvenida a cada año. 
Un ritual que despierta los sentidos 
El festejo comienza con una gran caminata en la cual intervienen tanto los miembros de la comunidad como grupos de foráneos, conducida por danzas y los retumbos de tambores, flautas, armónicas y collares de semillas que suenan hasta llegar al parque principal del municipio, lugar en donde se consagran las varas de mando indígenas.
Este carnaval, conocido también como Bëtscnate, en el pueblo Catmëntsa, y Kalusturinda, en la comunidad Inga, une a estos dos pueblos en torno al perdón y la indagación de la paz, la paciencia, el respeto y el amor. Un acto que cierra con el sacrificio de un gallo para después compartir alimentos y chicha en cada casa de la comunidad.
Coronas y máscaras, el legado 
Para la mayoría de las etnias estables en Sibundoy, la artesanía es una manera de perpetuar las tradiciones ancestrales. Aunque en sus calles se encuentran una gran variedad de objetos, durante este ritual sobresalen dos: las coronas de chumbes y las máscaras talladas en madera.  
Las máscaras talladas en madera, con las cuales se mantiene la armonía entre el mundo Kamëntsá y la conquista religiosa, son las caras que le sonríen en silencio o le lloran sin gritos al Carnaval del Perdón. 
Entre los motivos de máscaras que se encuentran en esta región que, poco a poco, ha ganado adeptos de diferentes partes del mundo, están  matachines, saraguayes y sanjuanes. Dicen, aquellos conocedores, que los artesanos pueden tallar más de doscientas caras con desiguales gestos de dolor y alegría, y teñirlas de infinidad de colores. Para ello, emplean formones, hachas, gurbias, vaciadores, muñequines para pulir y desbastar. 
Otra de las artesanías que sobresaltan en la región en esta celebración, son las coronas de chumbes o Llaugtu de chumbes. Un elemento artesanal y ritual de los Kamentzá. La corona de los hombres, llamada Kari chumbe, lleva fajas más anchas que la de las mujeres, conocidas como Uarmi. De acuerdo con los artífices, “este objeto indígena representa la capacidad intelectual del portador: a mayor número de chumbes, mayor sabiduría y capacidad de sostener el pensamiento del universo”.
Además, y según los artesanos, cuando la corona contiene plumas, denota jerarquía y tiene un uso ritual, exclusivo de las autoridades espirituales masculinas. El aro tiene dos connotaciones: desde una interpretación católica, representa la aureola celestial de la virgen. Desde la perspectiva inga, el aro de colores representa el arco iris o el “taita-cuichi”.
En conclusión, este es un genuino atractivo cultural simbolizado en un carnaval con contenido folclórico, colorido e indígena que ya es agendado por cientos de turistas de Colombia y el mundo que, en febrero, eligen como destino..  

Aunque las anteriores tradiciones culturales conocidas mundialmente son ejecutadas para atraer la buena suerte, son pocas las costumbres realizadas para reconciliarse con el prójimo y agradecerle a la tierra. No obstante, en Colombia, específicamente en el municipio putumayense de Sibundoy, sí existe. 

Se trata del Carnaval del Perdón, un ritual realizado para olvidar y estar en paz con los demás y consigo mismo, y un acto de lealtad con el planeta por los productos ofrecidos durante el año que se despide. 

En este lugar colombiano, ubicado a escasos 78 kilómetros de Mocoa, capital del Putumayo, y en medio de ofrecimientos, danzas, letrillas y un sugerente desfile en el que se utilizan prendas coloridas y coronas de plumas, los indígenas Kamëntsá e Ingas le dan la bienvenida a cada año. 

Un ritual que despierta los sentidos 

El festejo comienza con una gran caminata en la cual intervienen tanto los miembros de la comunidad como grupos de foráneos, conducida por danzas y los retumbos de tambores, flautas, armónicas y collares de semillas que suenan hasta llegar al parque principal del municipio, lugar en donde se consagran las varas de mando indígenas.

Este carnaval, conocido también como Bëtscnate, en el pueblo Katmëntsá, y Kalusturinda, en la comunidad Inga, une a estos dos pueblos en torno al perdón y la indagación de la paz, la paciencia, el respeto y el amor. Un acto que cierra con el sacrificio de un gallo para después compartir alimentos y chicha en cada casa de la comunidad.

Carnaval del Perdón

Coronas y máscaras, el legado 

Para la mayoría de las etnias estables en Sibundoy, la artesanía es una manera de perpetuar las tradiciones ancestrales. Aunque en sus calles se encuentran una gran variedad de objetos, durante este ritual sobresalen dos: las coronas de chumbes y las máscaras talladas en madera.  

Las máscaras talladas en madera, con las cuales se mantiene la armonía entre el mundo Kamëntsá y la conquista religiosa, son las caras que le sonríen en silencio o le lloran sin gritos al Carnaval del Perdón. 

Entre los motivos de máscaras que se encuentran en esta región que, poco a poco, ha ganado adeptos de diferentes partes del mundo, están  matachines, saraguayes y sanjuanes. Dicen, aquellos conocedores, que los artesanos pueden tallar más de doscientas caras con desiguales gestos de dolor y alegría, y teñirlas de infinidad de colores. Para ello, emplean formones, hachas, gurbias, vaciadores, muñequines para pulir y desbastar. 

Otra de las artesanías que sobresaltan en la región en esta celebración, son las coronas de chumbes o Llaugtu de chumbes. Un elemento artesanal y ritual de los Katmëntsá. La corona de los hombres, llamada Kari chumbe, lleva fajas más anchas que la de las mujeres, conocidas como Uarmi. De acuerdo con los artífices, “este objeto indígena representa la capacidad intelectual del portador: a mayor número de chumbes, mayor sabiduría y capacidad de sostener el pensamiento del universo”.

Además, y según los artesanos, cuando la corona contiene plumas, denota jerarquía y tiene un uso ritual, exclusivo de las autoridades espirituales masculinas. El aro tiene dos connotaciones: desde una interpretación católica, representa la aureola celestial de la virgen. Desde la perspectiva inga, el aro de colores representa el arco iris o el “taita-cuichi”.

En conclusión, este es un genuino atractivo cultural simbolizado en un carnaval con contenido folclórico, colorido e indígena que ya es agendado por cientos de turistas de Colombia y el mundo que, en febrero, eligen como destino.

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December 11, 2017 - Última actualización: December 11, 2017